Actualidad
Card image cap

Abril 7, 2023

Sergio Sarmiento

Desde que tenemos libros ha habido censura. Es un reconocimiento de que las ideas importan. Y los libros contienen ideas.

Qin Shi Huang, emperador de China de 221 a 210 a.C., no solo quemó los libros de historia de su tiempo, para que la historia empezara con él, sino que enterró vivos a 460 monjes confucianos para impedir que redactaran textos que no coincidieran con su visión. En el 640 de nuestra era el califa Omar quemó los 200 mil libros de la Biblioteca de Alejandría con el argumento de que, si "los libros de los griegos" coincidían con el Corán, entonces eran innecesarios, mientras que si lo contradecían eran falsos y debían ser destruidos.

El fraile dominico Savonarola montó la "hoguera de las vanidades" en la Florencia del siglo XV para quemar objetos de lujo y libros licenciosos, como los de Boccaccio. La Iglesia prohibió las traducciones de la Biblia a lenguas vernáculas. La reina Isabel de Inglaterra ordenó arrancar una escena de las copias impresas de Ricardo II de Shakespeare porque describía el derrocamiento de un rey. El papa Pío IV creó en 1564 el Index librorum prohibitorum, que a lo largo de siglos prohibió innumerables libros.

Stalin prohibió 1984 de George Orwell y Francisco Franco Homenaje a Cataluña del mismo autor. La Unión Soviética prohibió obras como Doctor Zhivago de Borís Pasternak y Archipiélago Gulag de Aleksander Solzhenitsyn por razones políticas, pero en Estados Unidos y el Reino Unido los censores se preocuparon más por temas sexuales, como en El amante de Lady Chaterley de D.H. Lawrence y Lolita de Vladimir Nabokov.

La religión sigue siendo importante en las prohibiciones, como puede testificar Salman Rushdie, autor de Versos satánicos. Hasta la fecha muchas asociaciones de padres de familia en Estados Unidos prohíben libros en las bibliotecas escolares porque los consideran sexualmente atrevidos o irreligiosos.

Conservadores y progresistas unen fuerzas en la censura. Si libros como Las mil y una noches han sido mutilados por razones morales, hoy supuestos progresistas mutilan obras que consideran política o socialmente incorrectas. Las narraciones de Roald Dahl, como Charlie y la fábrica de chocolate, están sufriendo mutilaciones por su propia editorial en el ánimo de volverlas más "aceptables a las sensibilidades contemporáneas". Lo mismo están haciendo los editores de las novelas de Ian Fleming y Agatha Christie. Una nueva versión de las novelas de Mark Twain censura palabras como nigger, una forma hoy despectiva de "negro" que se usaba de manera generalizada en el siglo XIX, con lo cual traiciona a un escritor que en su tiempo fue una de las voces más lúcidas y valientes contra el racismo.